Amanece...
sin prisa,
un resplandor
sobre el horizonte
anuncia el comienzo
de un fuego apasionado,
encendidos por labios
embriagados en alcohol
y deseos.
Amanece...
sin prisa,
la noche agoniza
y nuestras almas
se unen
entre abrazos y caricias,
un manto de sudor y rocío
envuelven nuestros cuerpos
sobre la gramilla.
Amanece...
sin prisa,
el canto de los pajaros
anticipan el despertar,
el río sigue su camino,
el ruido de las olas
ocultan el rápido palpitar
de nuestros corazones,
una vertiente de sangre
alimentan venas enredadas
en amor y locura.
Amanece...
sin prisa,
el día se presenta,
las luces se apagan lentamente,
una brisa fresca lava nuestros rostros
lastimado por el pasado.
Amanece...
sin prisa,
noche y día
ya no se juntan
cada uno busca
su lugar en el tiempo,
y sólo la espera
será testigo
nuevamente...
de otro encuentro.
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